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IV - Lo siento, pero adiós...

  • May. 29th, 2009 at 5:24 PM
Brian

Sus pies se posaron torpemente en el suelo. Los ojos aún estaban inundados en lágrimas. Dos segundos antes tenía frente a ella a su mejor amiga y ahora no había más que un contenedor de basura en mitad de un callejón. El nudo de su estómago se apretó aún más fuerte y la obligó a encogerse sobre sí misma, para acabar de cuclillas, a fin de poder tomar aire. Trató de contener las lágrimas porque aún la faltaba un largo camino hasta su siguiente destino y debía parecer una persona normal, no una loca.

 

Mientras la respiración volvía a su curso normal, dentro del callejón se escuchó el eco de unos pasos. Eso era lo único que la faltaba. Un loco o un drogadicto que fuese a quitarla el poco oro que la quedaba. Además era dinero mágico y el tipo, al ver que carecía de valor en su mundo, la abriría en canal con una navaja... En cierto modo tampoco era mala idea, así terminaría toda aquella pesadilla... Pero eso supondría dejar solo a Chris. Acercó suavemente, sin moverse apenas, la mano a su varita, preparada para defenderse si fuese necesario. Total, ya que se largaba de aquel país, qué más daba darle un poco de acción a sus últimas horas.

 

Dos pies... más bien dos playeras... se pararon frente a ella y un olor familiar tapó de pronto el nauseabundo hedor de aquel lugar. Esperaba las palabras de aquel extraño, fuesen cuales fuesen. Pero en lugar de palabras, el tipo se agachó y la abrazó. Y recordó el dolor de su pecho, la angustia del viaje y la adrenalina del miedo que segundos antes la había embargado. Y volvió a llorar. Y los brazos la estrecharon más fuertemente. Y más fuerte se hacía el nudo de su estómago. Quería ponerse en pie y correr en cualquier dirección que no fuese estar allí, pero sabía que no podía hacerlo. Todo lo había ideado perfectamente para no encontrarse así. Y todo había fallado.

 

-No te ibas a ir sin que pudiese despedirme.

 

Y todo se iba a la mierda. Y todo se desmoronaba. Y todo lo que había pensado, se iba a pique. Alzó la cabeza, sabía que su cara estaba llena de lágrimas. Mierda. Si es que la culpa era de Edana, por abrazarla. Si es que con un mísero "hasta luego" habría sido más que suficiente. Pero no. Miró a Brian directamente a los ojos. ¿Acaso realmente había pensado que el auror la habría dejado marchar sin más? Pero aquello no estaba bien. La retrasaba demasiado en sus planes. Sólo tenía que hacer una visita en Londres, y esperaba que saliese bien.

 

Pero cuando quiso darse cuenta, se había lanzado a los labios del hombre y se encontraba besándolo apasionadamente. Echaría de menos su perfecto cuerpo, sus ojos, su suave cabello siempre elegantemente desordenado. Añoraría sus abrazos y su fuerte olor a tabaco y alcohol. Vaya que si lo echaría de menos. Pero no podía pensar en ellos. Mientras su lengua jugueteaba con la de él, se puso en pie, sin esforzarse por zafarse del abrazo del auror.

 

-Adiós, Brian.

 

Musitó, separándose de él y echando a andar de nuevo, saliendo del callejón y arreglándose el cabello con las manos. Respiró profundo en cuanto se supo fuera de la vista del hombre. No sabía si volvería a verlo, por eso no había querido despedirse de él. Por eso tenía una carta en su bolsillo que iba a enviar en cuanto saliese del país. Pero ya estaba todo hecho. Ahora quedaba una de las partes más duras.
Edana

Y por fin paró la lluvia. Y paró la lluvia pero se acercaba la mayor de las tormentas. No se podía creer lo que estaba a punto de suceder en su vida. Había pensado mil y un veces en la decisión que había tomado y estaba totalmente convencida de que era la correcta y lo que realmente necesitaba hacer. Y no es que en ese momento la asaltasen las duda, no... Eso nunca... Pero se daba cuenta de todo lo que suponía aquella decisión. Chris la había dicho que equipaje ligero, pero después de encontrar la caja llena de fotos, chapas de prefecto, banderitas del equipo de Gryffindor y demás, un nudo en su estómago se había formado y amenazaba con axfisiarla.

 

Edana. Era el turno de la primera despedida. Ni que decir tiene que a sus padres no se lo había mencionado, aunque Chris pensase que sí. No, había sido capaz. Mientras él se había ido a Hogsmeade a despedirse de Jake de su parte y de la de su hermana, a ella la tocaba el marrón de despedirse de su mejor amiga. No es que Chris no se hubiese despedido... Qué va... Se habían pasado un fin de semana despidiéndose aprovechando un viaje del padre de la rubia. Y lo cierto es que Alyra agradecía que la casa de la chica y la suya estuviesen ligeramente alejadas... No creía que su cabeza pudiese soportar el oír lo que había pasado allí... Y ni hablar del enorme trauma que habría supuesto el verlo...

 

Tomando aire, salió de la casa. Y Edana era la primera por un motivo muy sencillo: una vez que saliese de la casucha de Irlanda, no había forma de dar marcha atrás. Así que no iba a ir a Londres para despedirse de sus compañeros para después tener que volver allí, corriendo el riesgo de que su madre la lanzase un hechizo que la atase a la cama, reforzado por las cadenas que le pondría su padre. Con paso decidido, pero intentando parecer casual, atravesó el jardincillo de la casa y se encaminó por el camino de tierra que llevaba a la casa de su mejor amiga. Cuando se encontró delante de la puerta, notó como las fuerzas empezaban a fallarla. ¿Porqué era tan difícil decir algo que la chica ya sabía? ¿Serían los diecisiete años de amistad que las unían lo que la hacía flaquear?

 

Alzó la mano para llamar, pero la puerta se abrió antes de que sus nudillos rozasen la madera. Una figura esbelta, con una melena rubia algo despeinada estaba allí, frente a ella, seria, con claros restos de lágrimas en las mejillas. No es que el aspecto de Alyra fuese mucho mejor... A decir verdad, seguramente ella se viese aún peor, pero la suave capa de maquillaje había conseguido disimular lo más evidente. Suspiró y la voz se quebró en su garganta. Antes de poder decirla nada, ella la abrazó. Alyra la rodeó con sus brazos y no pudo más que susurrar.

 

-Lo siento.

 

Edana no lloraba, pero Alyra sí. Lo hacía silenciosamente, procurando no jadear, dejando que las dulces lágrimas acabasen con la hora de esfuerzo para disimular las ojeras. Con suavidad, después de lo que pareció una eternidad y que seguramente habrían sido unos segundos, se separaron. Edana la sonreía suavemente. Ahora ella también lloraba. ¿Qué podría decirla? Con un esfuerzo sobrehumano, esbozó una triste sonrisa y dio un paso hacia atrás, justo donde terminaba la barrera de la casa.

 

-Hasta pronto, Eda.

 

Y desapareció. Sabía que Edana no habría entrado en la casa, sino que estaría mirando al infinito. También sabía que su sonrisa se había borrado, aunque no pudiese verla para asegurarlo. Estaba segura de que la chica, en cierto modo, se estaría echando las culpas a sí misma, aunque no tuviese ningún motivo para hacerlo. Mientras el torbellino de la desaparición la agobiaba, la hubiese gustado gritar que la echaría de menos. Pero ya era tarde. Un paso tras otro y sin volver atrás.

II - No hay vida sin ti...

  • May. 27th, 2009 at 11:20 PM
Chris

¿Pero qué mierda de verano era aquél? Dos semanas seguidas lloviendo... Normalmente llovía un par de días pero, de pronto, cuando ella tenía planes para hacer, incluso alejada de todo tipo de humanidad, el cielo decidía abrirse y joderla esa sesión de arreglo de los setos que rodeaban la casa. ¿Y qué podía hacer? Oh, sí, darse cabezazos contra el portátil... Putos solitarios... Ni eso conseguía entretenerla... Porque claro, es que en aquella casucha... ¿Había mencionado ya que estaba perdida de la mano de Merlín en mitad de Irlanda?... pues eso, que en aquella casucha no había ni internet.

 

Un nuevo suspiro... ¿Suspiro? No, aquello era un bufido... Un bufido de hastío, de malestar... De aburrimiento, coño, hablemos claro. Y el incesante repiqueteo de las gotas de agua ya la estaban sacando de quicio. Cerró fuertemente el portátil y se puso en pie. Con paso decidido subió a su habitación y se lanzó sobre su cama, bocabajo, dejando colgar los brazos, intentando mantener su mente en blanco... Pero no había manera. Empezó a mover suavemente las manos sobre la alfombra del suelo, jugueteando con una pelotita de goma de la que no recordaba su existencia.

 

-Joder.

 

La pelotita también estaba en su contra, pues había salido rodando hasta esconderse tras los faldones de la colcha. Haciendo fuerza con los brazos, dejó salir medio cuerpo y encontró algo que no esperaba escondido bajo su cama. Una caja de cartón de color verde que no recordaba haber escondido allí, aunque no pudo evitar que algo se volcase dentro de ella al saber de donde había salido. Con cierto tembleque en las manos, logró atinar y subirla sobre la cama.

 

-Merlín...

 

Fue todo lo que alcanzó a decir. Un montón de fotos que se había dedicado a sacar el último día de clase estaban allí apiladas... Y una sonrisa bobalicona asomó en sus labios. ¿Acaso era masoquista? Sí, si que lo era... Porque todos aquellos rostros, todas aquellas miradas y sonrisas que decían "se acabó el colegio" no hacían más que presionara el pecho. ¿Cómo les diría que se iba? ¿Cómo explicar a la gente con la que había compartido los mejores años de su vida que quizá no se viesen en largo tiempo? No era fácil decir "adiós, Dietrich" o "adiós, Edana"... Y por supuesto, no se quería ni imaginar como sería decirle adiós a Soren... Pero ella era la mujer de hielo a la que se le acababa de deshacer la sonrisa.

 

-No estés triste, cielín...

 

Suerte que tenía su pilar, su portador de maletas y el encargado de obligarla a sonreír aún cuando el mundo parecía estar a punto de derrumbarse. Christopher la sonrió dulcemente tumbándose junto a ella y besándola el pelo. Alargó uno de sus brazos y frente a ella colocó una piruleta. Lo dejaba todo por él, porque se resistía a creer que los Preston iban a poder con su familia y con su unidad. Porque era su hermano, el único hombre de su vida... Salvo aquellos ojos que jamás desaparecerían de su mente y que en ese momento la miraban sonrientes con el uniforme del equipo de quidditch de Gryffindor, alzando triunfante la Copa que les acreditaba como ganadores.



Ainsss... que vienen los exámenes y, como siempre, empieza a aflorar la maldita inspiración... Por cierto, si a alguna de mis reinas le molesta que use indiscriminadamente a sus chibis, que me avise sin ningún tipo de problema, eh?? Ah!!! Pese a lo que ponga en el texto, esto es totalmente fruto de mi imaginación, sí, estaría en continuación con la historia de mi nena adorada, pero dejando volar la mente.... Besus!!!


I - El Verano

  • May. 26th, 2009 at 1:03 PM
Alyra

Decididamente, la estupidez debía pasar por vía genética en aquella familia... Y por tanto eso quería decir que ella iba a estar en medio de todo aquello también, tarde o temprano. Ladeó levemente la cabeza para poder mirar por la ventana. Llovía. Vaya novedad... En Irlanda siempre llovía. Se ofuscaba consigo misma al ver la lluvia caer. ¿Porque no podía estar en París o en Mallorca? Podría estar recorriendo las calles emblemáticas de las novelas que tanto adoraba o estar torrándose al sol en una playa de suave arena. Pero no. Ella tenía que permanecer en casa, soportando todo aquel trajín. Pero, a fin de cuentas, era su familia.

 

Giró de nuevo la cabeza para observar la escena. La abuela Sam dormitaba cerca de la chimenea... Aunque seguramente era la más inteligente de todos... Quizá la estupidez fuese cosa de los Flannery y no de los Connor... Pero después se transmitía por via sexual y... ¡Plof! Ahí estaba el resultado... Su madre, su padre y su hermano discutiendo a viva voz en mitad del salón. Volvió a mirar a su abuela. La envidiaba. Decididamente ella debía haber contraído también esa estupidez porque seguía allí sentada, escuchando algo que ni siquiera la afecta... Al menos no por el momento. Tratando de no hacer ruido y pasar inadvertida, con lentitud se levantó del sillón. Estaba a punto de rodearlo cuando la aguda e histérica voz de, cómo no, su madre, la hizo detenerse.

 

-Alyra Christine Flannery... Vuelve a sentarte donde estabas... ¿Es que tú no tienes respeto por tu familia? Oh, no, claro... La niña lo tiene todo hecho, ¿porqué va a preocuparse por los problemas de los demás si sus hormonas adolescentes no se ven atrapadas en medio?

 

Rodó los ojos y apretó los puños. Mejor permanecer calladita, que estaba mucho más guapa. Con un suave suspiro volvió de nuevo a su asiento. Ella no sería quien se metiese en medio ni soltase la contestación que hiciese que volase alguna maldición imperdonable. Se dejó caer sobre el sillón y pudo atisbar por el rabillo del ojo como su abuela había abierto los ojos y fruncía el ceño. De nuevo volvió su mirada a la ventana y se centró en contar las gotas de lluvia que había en el cristal. Si ella estuviese de viaje en París o Mallorca, ese no sería el tiempo que haría, seguro. Dejó caer la cabeza sobre el respaldo y cerró suavemente los ojos. Seguía oyendo los gritos de su familia, pero su mente había empezado a volar. Ya no estaba en esa maldita casa perdida en mitad de Irlanda con una jauría de locos estúpidos gritando... Ahora estaba en el colegio, disfrutando del tenue sol que golpeaba Escocia en esa época del año, sentada junto al lago, apoyada sobre el tronco del sauce llorón.

 

-¿Pero alguien puede explicarme que diablos es eso de "crucicatus"?

 

Pobre papá... Además de estúpido, totalmente perdido en el mundo de la magia.

Y Cada Día Más

  • May. 19th, 2009 at 12:23 PM
Satine

...Y cada día más...

Después de varias horas de conversación telefónica, ya cansada y con una suave sonrisa en los labios, decidió acostarse. Había pasado ya la media noche y a duras penas conseguía mantener sus párpados abiertos. Con calma, se introdujo bajo las sábanas de su cama, dejándose mecer por la suavidad con la que éstas se deslizaban sobre las partes de su cuerpo que el camisón dejaba al descubierto. Lanzó un largo suspiro y cerró los ojos. El sueño no tardó en hacerla presa, pero fue incapaz de borrar ese feliz gesto de su rostro.

 

No podría decir cuanto tiempo transcurrió desde que cayó dormida hasta que aquel suave repiqueteo la despertó, pero no podía haber sido mucho. Aún somnolienta, se levantó y se acercó a la ventana para buscar el origen del ruido. La sonrisa que había adornado su cara desapareció durante un instante para dar paso a una expresión de sorpresa. Frente a ella había un hombre, al otro lado de la ventana, que la miraba sonriente. Ella sabía de sobra quien era y la sonrisa volvió de nuevo, turbando esta vez sus mejillas. Separó con ansia las cortinas y abrió de par en par el ventanal de su habitación, para dejarle paso.

 

Sin embargo, él no se movió. Su único gesto fue adelantar su mano, esperando que ella la cogiese. Un poco extrañada, se decidió a tomarla y, aún descalza, dio un paso al frente, atravesando el umbral del ventanal y posando sus pies sobre la fría hierba, húmeda por el rocío. Una suave aunque fría brisa la acarició la piel, haciendo que se estremeciese. Él se acercó y la rodeó por la espalda. Lo cierto era que con un solo brazo podría haberla abarcado, pero el calor que transmitía la suavidad de su piel era inigualable.

 

Cerró los ojos al notar su respiración en su pálido cuello y dejó escapar un tenue suspiro, traidor revelador de sus sentimientos. Notó como la tensión en las mejillas de él había aumentado porque sonreía cada vez más. Y ella deseaba verle sonreír. Sin abrir aún los ojos, giró sobre sí misma hasta quedar frente a frente con el hombre. Muy lentamente abrió los ojos para encontrarse con aquellos dos pozos verdes que la miraban fijamente. Se acercó con lentitud, alzándose sobre los dedos de sus pies, para posar un suave y dulce beso en los labios de él.

 

Pero de nuevo el repiqueteo llamó a su ventana y cuando Níobe abrió los ojos, se descubrió de nuevo en su cama, con las sábanas aún rodeándola, y con la recién desatada tormenta iluminando su habitación y haciendo que las finas ramas del sauce cercano golpeasen, incesantemente, el cristal de su ventanal.

Si tú supieras, si yo te contara...

  • Mar. 22nd, 2009 at 3:23 PM
Satine

Si tú supieras, si yo te contara...


Admiraba la sangre recogida en aquella vasija.

 

Apenas eran unas gotas que formaban un hilo rojo intenso. Lo movía, dejando que se oscureciera en los lugares con mayor concentración, y lo dejaba reposar de nuevo, contemplando la leve línea roja, mucho más clara, que limitaba con el blanco de la cerámica.

 

 

 

Se acercó un poco más y vio su imagen tatuada en el espeso líquido. Se sintió tentada y humedeció la punta de uno de sus dedos. La uña tomó un tono rojizo en el filo, donde la sangre se había posado.

 

 

 

Sin pensarlo, aproximó el dedo a su boca y manchó con la sangre sus labios.

 

Con sumo deleite al sentir el ya frío líquido, pasó la lengua, provocando así que un escalofrío recorriera su cuerpo, fruto del placer.

 

 

 

Instintivamente llevó el dedo de nuevo al recipiente pero, al tomar conciencia, se apartó rápidamente.

 

"Estúpida droga", pensó.

 

 

 

Observó un momento más el líquido y en sus oídos habló una seductora voz, peligrosamente conocida, que la tentaba a alargar la mano de nuevo.

 

 

 

Con un brusco movimiento del brazo, tiró la pequeña vasija al suelo, haciéndola añicos.

 

 

 

Se giró y salió de la habitación decida, sin mirar atrás. Frente a ella había un espejo, y en el espejo, nada.